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domingo, 11 de enero de 2009

El encuentro

Universos de tierra y agua nos separaban. Horas de mutuo conocimiento nos unian. El tiempo fue pasando inexorable hata aquel momento. Un momento esperado por segundos, minutos, horas, dias, semanas, meses y años. Y llego el momento, y parecia que ese momento habia ocurrido antes y por siempre jamas. Como si el pasado antes de ese momento no existiera. Fue tan intenso como la espera anterior. Y esa intensidad borro toda esa espera. Toda esa impaciencia. Se liberaron los sentimientos. Se borraron los anhelos. Se cumplieron los sueños. Luego todo paso. La rutina borro a la intensidad, y con ella todo pasado anterior. Todo se convirtio en otro. Y ese otro se volvio olvidadizo y se despisto en el tiempo. Pasaron segundos, minutos, horas, dias, semanas, meses y años. Y otra vez, aun estando juntos, nos vuelven a separar universos de tierra y agua. Somos dos extraños en la misma barca salvavidas. Sin rumbo fijo, a la deriva.
Quien sabe si en un futuro, encontraremos una isla paradisiaca. Donde se construya una cabaña, una casa, un hogar... Donde vivir hasta que la tormenta, derribe sus muros de cordialidad. Pero puede que más tarde, con la resaca, un nuevo sol caliente las ruinas. Y como ave Fenix, resurga de sus cenizas. Y hasta es posible, que todo vuelva a empezar.

lunes, 29 de diciembre de 2008

El ultimo golpe


Tuve que dar el ultimo golpe, y no estaría aqui. Tuve que ser más competitivo. Tendría que habermelo comido con patatas. Pero yo nunca he sido así. Siempre he competido por dinero. No he tenido más aliciente. Tendría que haber sido como esas personas que se toman al mundo por montera. Pero no, yo siempre he dejado que otros decidan por mi. Fui boxeador por mi padre. El si lo llevaba en la sangre. Pero yo, soy más como mi madre, que se asusta hasta de las hormigas. Entrenaba gracias a mi manager. Y fue él, quien realizo todos los contratos, y consiguio que llegara donde llegue. Todos los combates amañados, siempre perdía. Pero gracias a ello, tenía una buena vida, y no me faltaba de nada, incluso algun que otro lujo. Todo iba bien, a mi no me importaba perder, ya que me ganaba la vida con ello, y mi orgullo no existia. Mi padre no pudo ver todo esto, si no, que hubiera pensado, murio antes de comenzar "mi carrera". Y es que no estaba nada mal, conseguí llegar a la final del campeonato del mundo, sin saber como. Al parecer, el "campeón" quería a alguien profesional a la hora de perder, y en ese sentido, yo podría ser su hombre. Llego la gran noche, tenia que aguantar 3 asaltos. Al acabar el segundo asalto, estaba muy machacado. Nunca nadie se habia dado tanta maña en ganar. Me habia sacudido a base de bien. Algo en mi interior, me decia que esta vez era distinto. Que esta vez, tenia que competir, aunque fuera por mi padre. Era extraño pensar en mi padre, después de tantos años. Me decía, "Dale, pegale, matale si es necesario..." Pero yo no era así, yo debia perder, como siempre. Durante todo el tercer asalto, me debatia entre dar ese golpe secreto que me enseño mi padre en la niñez, o perder. Lo ultimo que recuerdo de esa noche, es el guante del campeón. Luego desperte en la cama de un hospital. Hice bien mi trabajo por ultima vez. Tenía que haber dado ese ultimo golpe y ahora no estaria aqui, en esta silla de ruedas.